Gabriela Calderon

Un blog para discutir eventos politicos y economicos desde un punto de vista liberal. A blog for the discussion of political and economic events from a classical liberal point of view.

Wednesday, October 03, 2007

El Consenso de Washington, explicado

Guayaquil, Ecuador— El Presidente Rafael Correa menciona frecuentemente al “Consenso de Washington” (CW) asumiendo que todos sabemos a qué se refiere. Yo no asumo eso y quiero explicarles de qué se trata.

A pesar de que escribió un capítulo entero de su tesis doctoral para criticar las reformas que él le atribuye al CW, en ningún momento explica en qué consistía este consenso ni cita a John Williamson, su autor.1 Si el entonces estudiante hubiese revisado lo propuesto por Williamson se hubiese dado cuenta que en algunos puntos está más cerca de coidearios suyos tales como Daniel Rodrik de Harvard y Joseph Stilglitz de Columbia, que de los “neoliberales”.2

Antes que nada hay que aclarar que el CW fue escrito por un economista independiente que desde ese entonces trabaja como economista en el International Institute for Economics (ahora Peterson Institute for International Economics) de Washington, DC.3 No fue una política de estado de EE.UU., ni una macabra conspiración del “imperio”.

El CW fue adoptado parcialmente y voluntariamente por varios países latinoamericanos cuando colapsó el modelo de desarrollo de substitución de importaciones que se había practicado desde los 1950s. Ese modelo
daba privilegios monopólicos a empresarios que nunca dejaron de ser “industrias infantiles”.

Ahora para entrar en detalles específicos, el CW aseveraba que la mayoría de las instituciones de investigación y de agencias involucradas en la formulación de políticas públicas para el desarrollo estaban de acuerdo que los siguientes puntos eran esenciales para el desarrollo: (1) disciplina fiscal; (2) una re-organización del gasto público para canalizarlo más hacia la atención médica básica, la educación primaria y la infraestructura; (3) reforma fiscal para reducir las tasas marginales de impuestos para así aumentar la recaudación; (4) liberalizar las tasas de intereses; (5) sostener un tipo de cambio “competitivo”; (6) eliminar las restricciones cuantitativas por sobre el comercio y convertirlas en restricciones arancelarias que luego serían reducidas paulatinamente hasta llegar a un arancel efectivo promedio de entre 10 y 20%; (7) liberalizar el flujo de inversión extranjera directa; (8) privatizar las empresas estatales; (9) eliminar las barreras a la entrada y salida del mercado reduciendo las trabas legales innecesarias; y (10) fortalecer los derechos de propiedad privada.4

El CW no era (ni es) una agenda completa para el desarrollo. El mismo Williamson lo reconoció en el momento que formuló esa lista de políticas y lo sigue reconociendo hoy. Tampoco es un manifiesto liberal pues si lo fuese aconsejaría un tipo de cambio determinado por el mercado y no por la banca central y una liberalización comercial que eventualmente llegue a un arancel medio efectivo de 0%.


Decirle a la gente que el CW se aplicó en todos los países de Latinoamérica es mentirles. El gasto público indisciplinado y el mal manejo de la deuda son los más puntuales ejemplos de que el CW no fue aplicado en gran parte. Francisco Gil Díaz, el ex ministro de Hacienda de México, dice al respecto “las políticas que se han llevado a cabo no son ni siquiera una mala imitación de lo que deberían ser las políticas de una economía de mercado…Sin embargo, y sorprendentemente, los comentaristas de radio
y televisión, una variedad de políticos y hasta algunos economistas ‘de renombre’ han podido presentar como algo genuino la grotesca caricatura de economía de mercado que ha sido implementada a lo largo de nuestro continente”.5

Los países que más se aproximaron a aplicar varias de las medidas recomendadas en el CW por un mayor periodo de tiempo resultan ser los que mejor resultados han tenido en la década de los noventas y lo que va de la actual: Chile, El Salvador y más recientemente, el Perú. Como lo observa el economista Juan Andrés Fontaine, América Latina necesita un Consenso de Santiago, no un CW.6

Este artículo fue publicado originalmente por El Universo (Ecuador) el 25 de septiembre de 2007.

Referencias:

1. Correa, Rafael. “Three Essays on Contemporaneous Latin American Development”. University of Illinois at Urbana-Champaign. Capítulo 1.

2. Williamson, John. “The Washington Consensus as Policy Prescription for Development”. Discurso ante el Banco Muncial. 13 de enero de 2004. Disponible aquí: http://www.petersoninstitute.org/publications/papers/williamson0204.pdf.

3. Ver biografía corta de John Williamson aquí: http://www.iie.com/staff/author_bio.cfm?author_id=15.

4. Ibid., “The Washington Consensus as Policy Prescription for Development”.

5. Gil Díaz, Francisco. “No culpen de nuestros fracasos a reformas
que nunca se dieron”. Cato Institute. 6 de septiembre de 2007. Disponible en: http://www.elcato.org/node/1845.

6. Vásquez, Ian. “Cambios al Consenso de Washington”. Cato Institute. 26 de noviembre de 2002. Disponible en: http://www.elcato.org/node/576.

2 Comments:

Blogger Carlos said...

...soy un asiduo lector suyo señorita Calderón. Sitios como este nos instruyen y quitan la venda de los ojos a los ecuatorianos.
Slds.

7:19 PM  
Anonymous luissanchezb@hotmail.com said...

El sustento filosófico del neoliberalismo fue desarrollado en la década del 70 (año 74), por el profesor norteamericano de Harvard, Robert Nozick, en su obra "Anarquía, Estado y Utopía", que fue una crítica a la monumental obra de John Rawls, "A Theory of Justice". Sin embargo, dentro del campo filosófico, la argumentación de Nozick, fue destruida por completo; el mismo Rawls en las reformulaciones de su teoría, así como el filósofo del Derecho Herbert Hart, al reivindicar al utilitarismo, y Ronald Dworkin, principal exponente de la izquierda liberal (liberalismo igualitario) y su teoría de los derechos en serio, el derecho absoluto a la igual consideración y respeto.
Sorprende que los economistas libertarios pasaran por alto dichas objeciones, es evidente que, la política de Reagan y la Thatcher, se impuso al más esclarecedor pensamiento de la época.

11:19 AM  

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